Al generalizar sobre los derechos de los animales se suelen considerar aquellos estudios sobre los animales no humanos que demuestran[cita requerida] que son autónomos, conscientes de aquello que les rodea, sienten dolor y placer, pueden comunicarse, poseen memoria y son capaces de aprender, y muchos tienen personalidades[cita requerida] diferenciadas entre los congéneres de su misma raza, entre otras muchas características.
Una característica a considerar es la capacidad fisiológica de sentir, algo que comparten todos los animales (humanos o no) que disponen de sistema nervioso central.
La filosofía de los derechos de los animales habla[cita requerida] de respetar los intereses de todos los animales y no de regular el modo en que son explotados.
Los derechos animales consideran que no es justo seguir explotando a los animales para alimentarse (dieta cárnica y de derivados lácteos, huevos y miel), para diversión (caza, corridas de toros), para investigación (experimentación en animales), o para proporcionar vestimenta y complementos (piel, cuero, lana y seda).
También, desde otro punto de vista, desde antiguo se ha considerado a los animales como simples bienes. Esto incluso en las fuentes romanísticas, desde donde ha pasado a todos los códigos civiles occidentales. Los animales son considerados como objetos dotados de actividad, pero carentes de alma. Actualmente hay quienes sostienen que todos los gestos supuestamente de sensibilidad de los animales no son más que deficiencias de lenguaje científico, esto es, que lo que se hace es pretender que los animales tienen tales o cuales características (propias de los humanos), lo que en realidad se debiera denominar de otra manera. Por ejemplo, no puede existir psicología animal en tanto la psiquis es un elemento del alma (de hecho por eso se llama así), y por tanto está ausente en objetos carentes de alma. Con todo esto no se quiere decir que los animales no sean importantes en sí mismos; lo que sí, que la mayor parte de lo que se dice respecto a ellos son asunciones ideológicas más que verdades establecidas.
Al generalizar sobre los derechos de los animales se suelen considerar aquellos estudios sobre los animales no humanos que demuestran[cita requerida] que son autónomos, conscientes de aquello que les rodea, sienten dolor y placer, pueden comunicarse, poseen memoria y son capaces de aprender, y muchos tienen personalidades[cita requerida] diferenciadas entre los congéneres de su misma raza, entre otras muchas características.
Una característica a considerar es la capacidad fisiológica de sentir, algo que comparten todos los animales (humanos o no) que disponen de sistema nervioso central.
La filosofía de los derechos de los animales habla[cita requerida] de respetar los intereses de todos los animales y no de regular el modo en que son explotados.
Los derechos animales consideran que no es justo seguir explotando a los animales para alimentarse (dieta cárnica y de derivados lácteos, huevos y miel), para diversión (caza, corridas de toros), para investigación (experimentación en animales), o para proporcionar vestimenta y complementos (piel, cuero, lana y seda).
También, desde otro punto de vista, desde antiguo se ha considerado a los animales como simples bienes. Esto incluso en las fuentes romanísticas, desde donde ha pasado a todos los códigos civiles occidentales. Los animales son considerados como objetos dotados de actividad, pero carentes de alma. Actualmente hay quienes sostienen que todos los gestos supuestamente de sensibilidad de los animales no son más que deficiencias de lenguaje científico, esto es, que lo que se hace es pretender que los animales tienen tales o cuales características (propias de los humanos), lo que en realidad se debiera denominar de otra manera. Por ejemplo, no puede existir psicología animal en tanto la psiquis es un elemento del alma (de hecho por eso se llama así), y por tanto está ausente en objetos carentes de alma. Con todo esto no se quiere decir que los animales no sean importantes en sí mismos; lo que sí, que la mayor parte de lo que se dice respecto a ellos son asunciones ideológicas más que verdades establecidas.
No importa si vives en la ciudad, en la playa o en el campo, dondequiera que vivas compartes la naturaleza con los animales. Tu jardín, el parque, la playa y hasta los tiestos podría ser el hogar de un animal. Es nuestra responsabilidad proteger a los animales silvestres y aprender a vivir con ellos sin crear conflictos. Para evitar contaminar el ambiente y hacerle daño a toda nuestra hermosa flora y fauna es importante seguir los siguientes consejos para vivir en paz y en armonía con ella:
Pon la basura en su lugar debido y asegúrate cerrar bien las tapas de los zafacones De esta manera evitamos pequeños amigos curiosos.
La cabeza de un animal puede quedarse pillada en las latas de metal o en los contenedores de plástico o cristal mientras trata de lamer lo que tienen adentro. Ponle bien la tapa a todo antes de botarlo. Aplasta las latas de metal y los contenedores plástico y llévalos a reciclar.
Rompe bien los anillos plásticos que sostienen los refrescos o cervezas de latas Los animales pueden enredar sus cabezas en ellos y estrangularse.
Bota bien todo los materiales de pescar como el hilo de pescar que pudiera apretar y ahorcar un animal.
Bota la basura en una bolsa plástica, amárrala bien y métela dentro de un zafacón.
Nunca rompas una botella de cristal en el piso. Es peligroso para los animales y las personas.
Nunca botes comida desde un automóvil a la calle. No queremos atraer los animales hacia la autopista donde podrían ser atropellados por un carro.
Nunca libres globos de helio al aire. Cuando estos caen al suelo o en el agua un animal podría tratar de comerse el globo desinflado asfixiarse y hasta morir.
No molestes a los animales en sus hogares o se los destruyas. Algunos animales viven debajo de piedras, nidos o telarañas.
Protege a los animales como los pájaros, los lagartijos y otros manteniendo tu gato seguro dentro del hogar
No molestes a los animales silvestres ni los trates de tener como mascotas. Estos tienen su lugar en la naturaleza, no encerrados en un envase en tu hogar. Piensa, ¿cómo te gustaría a ti estar encerrado en una pequeña jarra de cristal?
Recuerda ser amigo de los animales y enseñar a otros a convivir con ellos en paz. Tu mundo es su mundo también, compártelo.
Cuando alguien se refiere a Cabaiguán, se imagina de inmediato las fértiles tierras que acogieron, desde los inicios del siglo XX, a los inmigrantes canarios, cultivadores de unas de las mejores vegas de Cuba, utilizadas para elaborar los famosos habanos, sin embargo pocos conocen de su entorno, donde el verdor de los campos se entrelazan con las laderas montañosas del Escambray.
La belleza de su naturaleza envolvente, se torna silenciosa y promueve el ánimo de crear a los artistas locales, entre los cuales se destaca la paisajista Ana Teresa Toledo, conocida como Ania en el mundo de la plástica.
Sin antecedentes familiares que decidieran en la vocación, la cabaiguanense, recibió el apoyo de sus padres cuando descubrieron la destreza de sus manos y la agilidad de pensamiento para penetrar en el difícil mundo de las artes plásticas, cualidades que fueron perfeccionadas en el Centro de Superación de Arte de la provincia de Ciego de Avila donde concluyó sus estudios en 1993.
Los trazos de Ania se han movido en las naturalezas muertas, los bodegones y el paisaje cubano. "Es en este último donde mejor me siento, visito los lugares y se me quedan impresas en la mente las locaciones, las traslado al lienzo, con las mismas sensaciones provocadas en mi interior por la magia de la naturaleza".
